Mujeres rurales, todas en una

Cartel campaña Soy Todas. Imagen: Facebook.

por:  Ania Terrero
Tomado de: www.cubadebate.cu

Cuando Yunia pensó producir jugos con las frutas sobrantes del kiosco que gestionaba junto a su hermano, nadie -ni ella misma- pudo imaginar lo lejos que llegaría el arriesgado proyecto. Siete años después, lo que comenzó con una máquina criolla, unos pocos proveedores y un local cercano a la línea del tren, se convirtió en un emprendimiento referente dentro de Guanabacoa.

“Salió de mi imaginación hacer una juguera porque teníamos mucho desperdicio. Yo solita eché adelante la idea y empecé a adquirir cada vez más productos que la hicieran factible”, me cuenta por teléfono, cerca de las diez de la noche, cuando finalmente conseguimos hablar con calma.

Incluso en tiempos de pandemia no es fácil contactar a Yunia Mora Villafaña. Dedica casi todos sus esfuerzos a que las jugueras “Dos Hermanos” se sostengan y prosperen. Cuando no supervisa la producción y venta en “el puesto de la línea” o el nuevo local del mercado Taca, negocia con proveedores, firma contratos con cooperativas o establece alianzas.

Nunca para de soñar: articula esfuerzos con el gobierno municipal para extender la experiencia a otros mercados agropecuarios, busca nuevas tecnologías para producir más y mejor, asiste a capacitaciones con otras emprendedoras e intenta sumar más mujeres. “Me gusta ayudar a mi género, que prosperen igual que yo, que se sientan emprendedoras”, insiste.

Por supuesto, abrirse camino en espacios rurales y de producción de alimentos no fue sencillo. La sociedad aún reserva miradas prejuiciadas y desconfiadas para aquellas que trabajan en ámbitos asociados a lo masculino.

“A veces los hombres, cuando hacen negocios con las mujeres, son un poco más cohibidos. He tenido algunas trabas porque la mayoría de los involucrados con este tipo de proyectos son hombres. Al principio fue más complejo, pero se han ido adaptando”, relata.

Junto al empeño innegable de Yunia, la labor sistemática del proyecto Acelerar la producción sostenible de alimentos en municipios cubanos (PROSAM) también contribuyó al éxito de las jugueras “Dos Hermanos”.

“Se ha visto un incremento de la venta, tengo más sistemas de refrigeración, con la máquina que ellos me ofertaron el jugo sale mucho mejor. Son cosas que, si no me las hubieran facilitado, a lo mejor las habría adquirido a largo plazo, pero agradezco que se haya dado la posibilidad ahora y saber aprovecharla”, explica.

A ella, como a Maryanis, Lázara, Kety y otras trabajadoras rurales, la iniciativ coordinada por el Instituto de Suelos (IS) del Ministerio de la Agricultura (MINAG), con apoyo del Gobierno de Canadá, Care y Oxfam en Cuba, le ha permitido abrirse paso con conocimientos y recursos, más allá de las trabas machistas.

Durante los últimos cinco años, PROSAM ha trabajado para incrementar la producción agrícola sostenible de mujeres y hombres en los municipios urbanos y suburbanos Artemisa, Bejucal, Guanabacoa, Güines y Madruga; a través de la disposición de asistencia técnica y el apoyo con equipamiento.

En paralelo, promueve procesos sostenibles hacia la igualdad de género. Acciones diversas permiten a las emprendedoras y las comunidades de los territorios beneficiados formarse en capacidades técnicas y perspectiva de género, acceder a recursos e intercambiar experiencias con otras mujeres.

No es casual entonces que, cuando se cumple un año de la COVID-19 en Cuba, con todas las tensiones que supuso para las mujeres en los ámbitos domésticos, el proyecto lance la campaña Soy Todas. Porque visibilizar las contribuciones diferenciadas de productoras y lideresas a la soberanía alimentaria y la sostenibilidad resulta cada vez más importante, y no es tarea fácil. Sus puntos de partida ponen la mirada, otra vez, en los prejuicios machistas que nuestra sociedad arrastra.

Mujeres en el campo, los desafíos

La creencia urbana de que campo es igual a atraso, la creencia machista de que la mujer puede menos y la creencia clasista de que en el campo no hay conocimiento invisibilizan los aportes femeninos en los espacios rurales, indica la investigación previa al lanzamiento de la campaña Soy Todas.

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