¿Qué aprendió la Psicología en Cuba afrontando la pandemia?

cuba_pandemia_Por: Bárbara Zas y Manuel Calviño
Tomado de: https://www.ipscuba.net

Una cosa es “lo que nos pasa” y puede que no tengamos mucho control sobre esto, es decir, las cosas pasan, las buenas y las malas. Otra es “lo que hacemos pasar con lo que nos pasa”. Y en eso reside la grandeza de las personas, de las comunidades, de los países. En asumir la responsabilidad sobre los posibles efectos de un suceso. Caerse es siempre una posibilidad. Levantarse es una opción.

Una pandemia es siempre una posibilidad. Pero lo que una pandemia deje como marca definitiva dependerá de lo que seamos capaces o no de hacer. Construir nuestra resiliencia.

Es propio de los seres humanos la construcción consciente y regulada de experiencias a partir de los sucesos de su vida. El decurso “suceso – construcción de experiencias – aprendizajes” es fuente generadora de desarrollo. Pero al menos dos condiciones aparecen como factores desencadenantes de tal posibilidad: una actitud positiva, creativa, para afrontar los sucesos, y sobre esta la construcción de resiliencia. Ambas viabilizan que se produzca un aprendizaje, un impacto favorable, incluso allí donde el suceso puede ser lo opuesto.

De modo que es entre la actitud y la resiliencia que se teje primariamente la condición en la que sobre un suceso traumático es posible construir aprendizajes, personales, comunitarios e institucionales como país.

Desde aquí, es evidente que algo tan impactante como la pandemia de la covid-19, no debe quedar solamente, por suficiente que parezca, como una epopeya humana. Sea por su testimonio de victoria sobre la insanidad, el deterioro, la muerte, o por el consecuente despliegue de solidaridad humana, sensibilidad y colaboración para lograrlo. Las experiencias vividas y construidas durante la pandemia han de ser convertidas en aprendizaje.

¿Culpable o responsable?

Cuando hablamos de los efectos de la pandemia, de alguna manera dejamos pasar la idea de que es ella la que hace emerger “lo bueno” o “lo malo”. Ella es la culpable.

En su texto «Epidemias y sociedad: de la peste negra al presente», Frank Snowden, profesor de Historia de la medicina de la Universidad de Yale, examina cómo los procesos masivos de enfermedad han tenido una fuerte influencia en la vida social, cultural, económica y política de los países que han vivido estos sucesos epidémicos. Pero al preguntársele acerca del “signo” de estas influencias, el especialista reconoció a la BBC la dificultad para responder con exactitud a dicha cuestión, porque “los tiempos de epidemias sacan lo mejor y lo peor de la humanidad”.

Siguiendo una lógica, no por simple menos aplastante, llegaríamos a pensar: si no fuera por la pandemia, los trabajadores cubanos de la salud no fueran tan sensibles, humanistas, solidarios. La pandemia los hizo así. Un verdadero absurdo que amerita una precisión, más bien una corrección. La pandemia, claro que indeseada, no es más que “la punta del iceberg”, una punta que llega a tomar tales dimensiones que lo vuelca, quedando al descubierto lo que estaba sumergido, silente.

Los psicólogos partimos de una idea fundamental: los seres humanos somos lo que seamos capaces de hacer con lo que nos pasa. Y eso nos define como actores responsables de nuestra vida. Lo que define el carácter de las influencias de algo sobre nuestra vida, reside sobre todo en el modo con el que afrontamos dichas influencias. Esto es hacerse responsable.

Las consecuencias pueden ser no controlables. Lo que hagamos con las consecuencias sí. Aunque es necesario precisar que buena parte de las consecuencias de un suceso, llámese la pandemia de la covid-19, tienen que ver con la condición anterior al suceso. Por solo poner un ejemplo, en el trabajo que realizamos con centenares de personas a través de la red social Whatsapp, los temores, angustias y preocupaciones acerca de perder el empleo, quedar desamparados, sin medios para vivir, fue prácticamente nula. Obviamente, debido a las políticas sociales del país.

La diferencia entre el desierto y un jardín, parece residir en el agua. Pero no es así. La diferencia está en el ser humano. La diferencia entre lo que ha pasado con la pandemia en Cuba, y lo que está pasando en los Estados Unidos de Norteamérica, o en Brasil, no reside en ella, pues es la misma. Reside en ese sujeto colectivo, en ese organismo humano integrado, comprometido, que se llama nación, patria, país.

La culpa puede que no sea gestionable. La responsabilidad, sí.

La responsabilidad fecunda

Afrontar una pandemia como desgracia suele llamar a la resignación. Y la resignación trae consigo la aparición de efectos negativos evitables. Afrontarla desde la devaluación, la minimización, suele ser causa de inmovilismo, ralentización de las acciones necesarias, y tras esto la maximización de los daños directos y colaterales.

Sin embargo, afrontar una pandemia desde la responsabilidad es asumirla como reto. Y esto pone en tensión todas las fuerzas capaces de contrarrestar los efectos negativos probables, se gestionan las formas de participación colectiva, aumentando el potencial de enfrentamiento, y por efecto de esta participación colectiva se animan los mejores sentimientos, valores y pautas de conducta de las personas.

Un reto es una responsabilidad que se asume, una responsabilidad capaz de fecundar la aparente infertilidad de una situación, cualquiera que esta sea. El afrontamiento responsable es fecundo: incorpora lo que se hace al acervo personal (comunitario, institucional), genera confianza y seguridad (aun ante el fracaso), construye el control potencial sobre la situación y por ende su rumbo ulterior, y por si esto fuera poco, promueve coherencia emocional, cognitiva y conductual. Salud psicológica.

En cada reto hay una expectativa de mejora. Asumir una pandemia como reto tiene precisamente que ver con pasar de la inevitabilidad del hecho a su superación productiva. No es solo que no pase lo que se supone la enfermedad hace pasar, sino que pase algo definitivamente distinto, más beneficioso que lo que supone.

Por eso, la salida se representa como la entrada a una “nueva normalidad”. Nueva, porque no es la prevista en el designio pernicioso de la pandemia. Nueva, porque el remontaje, el volver a la situación pre-pandémica sería una “marcha atrás”, sería sobre todo no haber sido capaces de construir efectos y salidas fecundas del subversivo proceso. Nueva, por último, porque se busca aprovechar entre las formas instauradas de afrontamiento, aquellas que puedan representar nuevos aprendizajes resilientes.

De modo que asumirla como reto, desde la responsabilidad, supone varios desafíos: enfrentarse a situaciones difíciles, potenciar la búsqueda de soluciones, poner en tensión las fuerzas, dar continencia al desbordamiento de las tensiones, asumir la exigencia de cambios, ser innovadores y creativos.

Pero hay uno esencial porque supone no solo asumir la responsabilidad del afrontamiento efectivo, sino lograr que ese afrontamiento sea además fecundo: El desafío del aprendizaje.

 

Aprender desde la pandemia

No caer en el muy cuestionable axioma de que “los golpes enseñan” es una necesidad del afrontamiento responsable y resiliente. No nos equivoquemos: No hacen falta golpes para enseñar. No necesitamos que una pandemia nos enseñe. Podemos tener mejores “maestros”.

Pero el asunto es más esencial. Y para comprenderlo tenemos que volver a la idea del afrontamiento, de la actitud: La enseñanza solo vive, se realiza y existe, en el aprendizaje. Es la disposición a aprender la que hace al proceso de enseñanza-aprendizaje. Incluso allí, donde existe la intención manifiesta y activa de enseñar, la realización del proceso, del sentido del proceso, se verifica en el aprendizaje. La enseñanza se realiza en el aprendizaje.

La pandemia no es un acto de enseñanza. Pero si puede ser asumida como una situación de aprendizaje, una situación de la que podemos aprender. Y será posible solo si nos apropiamos experiencial, intelectual y espiritualmente de ella para producir aprendizajes. Es decir, construir nuevas miradas y nuevos focos de análisis, producir conocimientos, conceptualizaciones, crear nuevos hábitos, modelos de comportamiento, tomar decisiones innovadoras y creativas. Hacer todo lo necesario para ascender a un nivel de actuación superior al precedente, al menos que lo avance cualitativamente.

De no producir aprendizajes, tendremos que aceptar que hemos perdido una oportunidad y hemos perdido el tiempo. Dos cosas que nadie debe permitirse el desatino de perder, ni las personas, ni las comunidades, ni las sociedades. Tampoco, por supuesto, las disciplinas científicas y profesionales.

Aprendizajes para la Psicología

En Cuba, psicólogos y psicólogas se movilizaron desde momento mismo en que se detectaron los primeros casos de covid-19 en el país. Desde sus pertenencias institucionales, agrupados en torno a las entidades gremiales o simplemente como ejercicio profesional ciudadano, realizamos diversas acciones.

Trabajamos en la primera línea de atención a los enfermos, sospechosos o en vigilancia. Multiplicamos las acciones en las redes sociales como sugestiones técnicas para afrontar la situación, con textos reflexivos y propuestas de actividades para las familias. Apoyamos en la distancia a los grupos de trabajadores que se mantuvieron en sus puestos. Organizamos servicios de psicología por vía telefónica. Construimos una experiencia inédita en el país de Servicio de Orientación Psicológica a la población a través de Whatsapp.

Y ahora nos planteamos precisar cuáles son los aprendizajes para la Psicología, que se derivan de la participación de psicólogos y psicólogas en la lucha contra la pandemia. No hay aún un conceso. Pero podemos adelantar ideas que serán enriquecidas más adelante.

Vamos a listar para no olvidar

En primer lugar, destacamos la conveniencia manifiesta en estos meses, de aunar los esfuerzos y las prácticas institucionales con las prácticas de voluntariado y de “ejercicio profesional ciudadano”, así como la generación de grupos naturales de trabajo cuyos integrantes tengan pertenencias institucionales diferentes. Somos psicólogas y psicólogos, y como tal podemos hacer nuestra contribución profesional, encontrémonos o no operando en el entorno de nuestras instituciones.

La dispersión que nos impuso el aislamiento sanitario (llamado aislamiento social), la convertimos en fortaleza. Cada profesional en su zona de residencia tuvo la oportunidad de ejercer su profesión allí, en su espacio, junto a la demanda directa. Además, se generaron acciones profesionales grupales, en base a intereses y posibilidades comunes, más allá de la institucionalidad de pertenencia.

Esto, que debe ser entendido como una fortaleza, un pensar como país, favorece el aumento del factor de impacto profesional, adecua las prácticas a los contextos específicos, y rompe con la verticalidad robusta, pero no sin escollos, de la concentración institucional.

En segundo lugar, nos llevamos a la mesa de trabajo el asunto de los“tiempos de reacción”. La Psicología está preparada para trabajar en dimensiones temporales de a largo plazo, mediano plazo y hasta corto plazo. Las dos primeras caracterizan los trabajos de investigación fundamental y fundamental aplicada. La tercera apunta más a los estudios más locales y circunstanciales, en los que el ejercicio de la disciplina se tramita sobre todo como ejercicio profesional.

La pandemia nos colocó ante la evidencia, de que aún nos faltaba visión, estructuras operativas, conocimientos y preparación, para trabajar en la“dimensión emergencial”. Hemos aprendido que se puede. Pero hay que dejar atrás los viejos pruritos cientificistas de la pulcritud de los métodos, convertir los conocimientos en herramientas al servicio de lo necesario. No se trata de renunciar a la cientificidad, sino levantar una nueva comprensión de la cientificidad, no secuestrada por cánones obsoletos.

En tercer lugar, se incorpora una visión más dinámica de los comportamientos de salud responsables y la adherencia a los mismos. La batalla por la salud tiene que contener no solo las estrategias de salud, sino la producción de prácticas operativas convincentes, sugestivas, asimilables, cercana a las personas, y con alta capacidad de convencimiento.

Hay que trabajar en un acompañamiento psicológico acompasado al curso de una pandemia desconocida. Esto supone ir develando, en cada una de las etapas, los distintos procesos psicológicos que van aconteciendo, los mecanismos psicológicos explicativos de los problemas que aparecen, las dinámicas presente a nivel grupal y psicosocial. Las “etapas psicológicas” de la pandemia.

Cuarto, la comprensión de la mirada estratégica a una “nueva normalidad”. No se trata de volver a poner en su lugar, sino de crear nuevos lugares, y por tanto formar y fomentar las nuevas capacidades (hábitos, habilidades, actitudes, etc.) para esa nueva normalidad.

Quinto, la importancia de la presencia de los profesionales de la psicología en los medios masivos (televisión, radio, prensa) como forma de influir en la conformación de representaciones adecuadas, orientar comportamientos resolutivos, inducir la solución de conflictos en los distintos grupos humanos. Reconocer la necesidad de crear una cultura psicológica en la población. La Psicología es algo demasiado importante y útil, como para dejarla solo en manos de los psicólogos y psicólogas.

Por último, quizás el más importante aprendizaje construido en los procesos de afrontamiento a la covid-19: el uso de las redes sociales como dispositivo para las prácticas profesionales de ayuda psicológica, de orientación.

Esto logró hacerse y llegó para quedarse, gracias el mejoramiento considerable de la conectividad en el país, la aparición de la red 4G y la osadía de un grupo de profesionales que se lanzaron a aprender haciendo. Se hace explícita la necesidad de capacitar a los profesionales de nuestra disciplina, desde la formación de pregrado y en la de postgrado, en la utilización de los recursos de las redes sociales como instrumentos del ejercicio científico profesional de la Psicología.

Hoy reconocemos la posibilidad de crear servicios de orientación psicológica a distancia con fundamentos teóricos, metodologías de trabajo, organización y procesos de supervisión y evaluativos. Se trata del uso proactivo, sano y productor de bienestar de las redes sociales. Algo que convocado desde la honestidad y la humildad profesional, se constituye como una de las grandes fortalezas del espacio virtual desarrollador de orientadores y supervisores en Psicología. (2020)

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