Reflexiones a propósito del impacto social de la pandemia del coronavirus en Cuba

Por: Vivian López Gonzálezi

Indudablemente, el eslogan #QuedateEnCasa, en medios de comunicación cubanos, es un reflejo de los esfuerzos y las pertinentes medidas que se vienen tomando en el país para garantizar el cuidado de la salud y la preservación de tan preciado derecho.

Ahora bien, ¿qué significa quedarse en casa? ¿Cuáles son los riesgos de quedarse en
casa? ¿Cómo quedarse en casa de manera segura? ¿Por qué hay personas que no se quedan en casa?

Para intentar dar alternativas de respuesta a estas interrogantes, me detendré en algunos tópicos.

En las condiciones actuales se ha priorizado el trabajo a distancia y el teletrabajo (amparado en el artículo 24 de la Ley No.116 Código de Trabajo). Esta es una de las medidas que se ha implementado, como protección a los trabajadores.

Cabría preguntarse, sin embargo, cuántos trabajadores por cuenta propia -subordinados a una persona natural, autorizada a actuar como empleador- se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Cierto es que están protegidos por el régimen de seguridad social.

De acuerdo con el artículo 35 del Código (Sesión segunda: Situaciones de desastres), se establece que “Durante la suspensión de las actividades de trabajo (…) en el período de respuesta y recuperación ante situaciones de desastres de origen natural, tecnológico o sanitario, los trabajadores reciben hasta un mes, el pago de una garantía salarial equivalente al salario escala del cargo que ocupa. De mantenerse la suspensión, la garantía es del sesenta por ciento (60 %).

¿Los trabajadores por cuenta propia, empleados por una persona natural, se están
beneficiando de este derecho? De no ser así, qué pasaría ¿Se quedarían de forma segura en casa?

Hoy día muchos mensajes animan a simbolizar el “quedarse en casa” junto a la familia
como una oportunidad para repensar nuestras prácticas cotidianas, hacer aquello que
postergamos, decirnos aquello que posponemos por la premura y contrariedades de la
cotidianidad.

En Cuba, como en otros países, existen diversos tipos de familia.

¿Cuáles serían los mensajes para aquellas otras familias que viven en hacinamiento,
inadecuadas condiciones higiénico-sanitarias (entre ellas, dificultades con el abasto de
agua) y/o en situaciones de violencia?

¿Cuáles serían los mensajes para aquellas familias monoparentales, especialmente
aquellas constituidas por madre soltera al cuidado de su hijo en edad escolar? Madres y padres gozan del beneficio del trabajo a distancia o la garantía salarial en situaciones de desastre (como establece el artículo 35, del Código del Trabajo, antes mencionado). Pero, qué sucede cuando la madre no tiene con quien dejar al menor para salir a trabajar (porque su presencia en el trabajo es imprescindible) o para proveerse de alimentos, porque el padre no se hace cargo de sus funciones de cuidado.

¿Cómo hacer que #QuedarteEnCasa sea una opción segura para mujeres víctimas de
violencia de género. En esta contingencia sanitaria (de distanciamiento espacial entre las personas) las mujeres que se encuentran en situación de violencia de género en sus
hogares se encuentran en mayor riesgo.

Empleo, a propósito, el término distanciamiento espacial o espacio-temporal entre las
personas, porque, en realidad, no estamos aislados socialmente. Convivimos, en muchos casos, en familia; nos comunicamos con nuestras amistades; activamos redes sociales de apoyo; expresamos con aplausos el agradecimiento y solidaridad con todas las personas que nos cuidan a diario (dígase personal de la salud, encargados del orden interior, transportistas, empleados en centros comercializadores de alimentos y otros bienes necesarios, actores gubernamentales, entre tantos otros). En fin, potenciamos y
reinventamos maneras de socializar.

El distanciamiento espacial entre las personas está atravesado, también, por desigualdades sociales.

En un artículo recién publicado en el sitio Web del Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales (CLACSO), titulado “Las dimensiones sociales, políticas y económicas de la
pandemia”, Pablo Vommaro (Director de Investigación) alerta sobre estas cuestiones. Las desigualdades se expresan en varios ámbitos. Por solo mencionar algunos: el cuidado familiar recae sobre la mujer; todos los estudiantes no están en igualdad de condiciones y posibilidades de acompañamiento, por parte de los padres, en las tareas escolares orientadas a distancia.

Algunos de estos problemas socioeconómicos, claro está, no pueden ser resueltos en estos momentos.

Las oportunas medidas, de carácter universal, dictadas, por ejemplo, para garantizar el
acceso de productos de aseo básicos para toda la población a través de la canasta básica, la suspensión de clases, entre otras; pudieran ser acompañadas con otras acciones focalizadas (más allá de las que se realizan para casos sociales, al amparo de la seguridad social).

Ejemplo de ello, es Evoluciona, la Campaña Cubana por la NO Violencia hacia Mujeres,
que ha lanzado el eslogan “Quédate en casa sin violencia”, y tiene activada una conserjería legal y psicológica online para víctimas de violencia de género.

La pesquisa “casa por casa” de personas sintomáticas, acompañada por la atención
diferenciada a adultos mayores, especialmente aquello que viven solos; es un ejemplo de la voluntad política de atender las diferencias sociales.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o
enfermedades”.

Está demostrado científicamente, desde hace varias décadas, que las situaciones de estrés crónico y agudo afectan de manera directa el sistema inmunológico. No cabe dudas de que la pandemia es un evento que desborda los recursos personales de afrontamiento al estrés. Para la gran mayoría de la población mundial, no existen precedentes.

Muchas personas apelan a recursos de afrontamiento, ensayados en otras experiencias de vida, en las cuales fueron de utilidad. Sin embargo, en circunstancias como estas pueden resultar completamente contraproducentes. Este es el caso, por ejemplo, de “restarle importancia al problema”, “negarlo”. Estos mecanismos traen como consecuencia el retardo de la búsqueda de ayuda médica, el decir “no tengo síntomas” cuando se realiza la pesquisa en el hogar; salir a la calle; reunirse con amigos; entre otros comportamientos de riesgo.

Poner en observación, sobre aviso y dar seguimiento a todo aquello que ponga en riesgo
la salud, en su sentido amplio, es también una prioridad para el bienestar de la población y la estabilidad social.

A los científicos sociales nos corresponde reflexionar sobre el acontecer social; prever
situaciones de riesgo social; alertar; recomendar; compartir información tanto con las
autoridades, como con la población.

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i Psicóloga e investigadora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS

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