Entrevista a Ángela Casaña, primera Directora del CIPS (1983-1994)

 Inicios del CIPS

Antes de comenzar a trabajar como directora del CIPS yo era como profesora de la Facultad de Psicología, al tiempo que dirigía su departamento de Psicología Social y del Trabajo. Por aquella época había ya tenido la oportunidad de realizar investigaciones sociales con pretensiones de efectuar enfoques integrales. Muchas de aquellas  investigaciones fueron discutidas con los tomadores de decisiones, de modo que también tenía alguna experiencia en este tipo de interacción, investigador/hacedor de política.

Tal vez por eso se me solicitó que me trasladara a trabajar para la entonces Academia de Ciencias, en el Departamento de Psicología, porque existía la intención desde la dirección política del país, de fortalecer el trabajo de las ciencias sociales, de crear nuevos centros, reforzar los grupos de investigadores. Se hablaba de reorganizar la estructura que tenía entonces en la Academia, […] en ese momento había distintos departamentos, recuerdo los de Etnología, Sociología, Psicología e Historia y se había creado recientemente el departamento de Estudios Sociorreligiosos […]

En un corto tiempo, a partir de mi traslado, se decidió modificar esta estructura que describo y se consideró que se debían integrar en un centro único los departamentos de Psicología, Sociología y el de EstudiosSociorreligiosos, y que yo debía dirigir su proceso de creación y funcionamiento. Se produjo esta unión con esos tres grupos de investigadores en 1983 […]

Esta oportunidad que se nos daba ha constituido para muchos de los que vivimos esos momentos, uno de los retos más importantes que debíamos enfrentar, y lo hicimos desde un proceso de maduración progresiva, dando pasos firmes para lograr constituir lo que es hoy el CIPS.

Primeras metas

Diría que en sus comienzos las metas más importantes que nos trazamos fueron aprovechar la fortaleza de tener profesionales de diversos perfiles y lograr integrarnos de alguna manera […] Una condición que emergió con mucha fuerza fue la vocación de que lo que se investigara respondiera a los problemas actuales que estaba atravesando la sociedad cubana en ese momento, no aislarnos de la realidad, de lo que estaba pasando en el país. Entender que desde nuestras disciplinas podíamos y debíamos decir algo, mostrar que los resultados de nuestro trabajo podían ser de utilidad para la toma de decisiones y la elaboración de las políticas sociales correspondientes.

Si bien en las primeras etapas conservamos un ordenamiento que respondía a las disciplinas, yo diría que en un corto plazo se produjo el salto cualitativo que hizo desaparecer la estructura disciplinar, y lo que comenzó a determinar la estructura de la institución fue la definición de los contenidos que debíamos trabajar. Esto fue un salto cualitativo importantísimo en muchos sentidos, porque permitió, en particular, la integración de las disciplinas en el abordaje de los problemas. […] este cambio fue producto de nuestra maduración colectiva, de manera que no hubo que imponerlo siquiera, fue una maduración del grupo de personas que dirigíamos el Centro y de los propios investigadores. […] Te diría que fue también una etapa en que cristalizaron valores muy importantes en la cimentación de la cultura del Centro, porque algo que germinó en las personas, desde los primeros momentos fue un fuerte sentimiento de pertenencia hacia la institución. Es decir, aquella era nuestra creación, era lo que estábamos diseñando, era el reflejo de nosotros mismos. Decidimos nombrarlo Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, en ese orden porque era más fácil decir CIPS que CISP.Nosotros lo decidíamos, dentro de ciertos límites, casi todo, decidimos cómo llamarle, cómo formarlo, cómo íbamos a funcionar, nuestras normas y reglas de funcionamiento interno, incluso las investigaciones, nosotros podíamos investigar lo que nos parecía que podía ser de mayor interés y necesidad para el país.

Logros del camino

Comenzó a crearse la cultura de ese Centro, […] las personas que en aquel momento dirigían los departamentos, que formaban parte del Consejo de Dirección y del Consejo Científico jugaron un rol decisivo en la formación de su cultura. Entre los valores más importantes que, a mi juicio, cristalizaron desde esos primeros momentos fue como te dije un fuerte sentimiento de pertenencia con la organización. Estábamos orgullosos de ser miembros del CIPS. […] Había un alto nivel profesional que se expresaba no solo en la responsabilidad y compromiso con que se asumían las investigaciones, sino también en la búsqueda de rigor científico y profundidad de los conocimientos
en lo que se hacía.Creo que nos ayudó a nuestra formación el que hayamos logrado desarrollar fuertes intercambios con centros de investigaciones homólogos del ex campo socialista […] lo cual, desde mi perspectiva, nos permitió entrar en contacto con lo mejor del pensamiento marxista de esa época y nos enriqueció epistemológica y metodológicamente.

[…] Otro aprendizaje importante y que a mi modo de ver formó parte de la cultura, fue la comprensión de que el resultado de nuestro trabajo debía culminar en un conjunto de recomendaciones y que estas se expresaran en un lenguaje que fuera comprensible y útil para los que diseñan las políticas. […] pienso que ese “cómo hacerlo” fue algo que nosotros discutimos mucho, mucho, mucho, y donde el propio Consejo Científico, jugó un papel importante que nos permitió perfeccionar nuestro trabajo en ese sentido, y convertirnos en un centro que tenía cosas que decir acerca de los diferentes momentos que atravesaba la sociedad en esos años. Sin duda el conocimiento que el Centro ha acumulado, a partir de sistematizar determinadas líneas de investigación, es un legado invaluable de lasciencias sociales, que no solo está plasmado en una memoria escrita sino que ha aportado al desarrollo de la sociedad cubana. Creamos un Centro de Documentación que lo dirigió una alemana, Hanna Lore Tasé, cuya función era, entre otras, conservar los informes de las investigaciones que realizábamos y que se pudieran consultar por aquellas personas que lo necesitaran. Era una forma de socializar nuestro conocimiento. […] no todos se han publicado, pero esos trabajos constituyen una crónica de una época de la vida de este país.

En los años a los que me puedo referir, porque los viví formando parte del Centro, hubo pocos problemas importantes en nuestro pueblo, que estuvieran relacionados con las ciencias sociales, en los cuales el Centro no participara. Te puedo citar múltiples, desde investigaciones solicitadas por el primer nivel de dirección del país, hasta aquellos problemas que nosotros mismos identificábamos y nos adelantábamos en alertarlos […] Todo eso se pudo lograr porque progresivamente fuimos creando una imagen de profesionalidad y de seriedad en el trabajo, de comprometimiento con la realidad. Logramos ocupar un espacio en un escenario donde se discutían los problemas de la economía, de la biotecnología, la agricultura, y otros. En particular destaco el apoyo de la vicepresidencia que nos atendía, dirigida por la Dra. Daisy Rivero y de la Dra. Rosa Elena Simeón. […] fue increíble la manera en que la Dra. Simeón fue sensibilizándose con los resultados de nuestras investigaciones y cómo vio con mucha claridad el impacto que nuestro trabajo podía tener en el perfeccionamiento de la sociedad. […] con frecuencia ella era la mejor introductora de nuestros resultados con aquellas personas significativas, políticamente hablando, del país. Otro de los aspectos que caracterizó nuestro trabajo fue identificar la necesidad de vincularnos al quehacer de los investigadores de los territorios fuera de la ciudad de La Habana, de vincularnos con el resto del país […]

Las dificultades nunca pararon el trabajo

[…] También hubo momentos muy difíciles, porque a las ciencias sociales le toca, a veces, mostrar los lados oscuros de la sociedad […]. Tuvimos que lidiar con algunas reacciones negativas, que generaron momentos muy difíciles, que hubo que enfrentar, para sostener lo que nosotroscreíamos que debíamos sostener y lo que las evidencias, la realidad y las investigaciones nos habían demostrado, a pesar de los posibles cuestionamientos […].

Pasamos por momentos muy difíciles, pero nunca renunciamos a lo que pensábamos, ni nunca abjuramos, o negamos lo que habíamos encontrado, al contrario, yo creo que nos caracterizó como grupo la valentía, la seguridad de que eso realmente respondía a un estudio serio, un estudio comprometido y eso nos daba mucha fortaleza y a la vez prestigio y confiabilidad como grupo de investigación. Había personas muy talentosas en el Centro, con un enorme potencial. En un momento determinado decidimos que ya todas aquellas personas que tenían un cúmulo de investigaciones hechas, que tenían un conocimiento acumulado estaban listas para sistematizar todo ese saber, escribirlo y defender sus doctorados. […] Así lo hicimos. Se defendieron nueve personas y el Centro adquirió una categoría entonces ya respetable, […] de pronto, en un período de pocos meses, contó con nueve doctores. En esa época la gente joven que sustituyó a sus jefes trabajó muy bien. Algunos de aquellos jóvenes hoy tienen cargos de dirección […] Eso se pudo hacer porque ya el Centro había creado las condiciones, porque ya tenía una estructura de funcionamiento, porque había una práctica de trabajo, y se había conformado una manera de funcionar, y eso estaba interiorizado en la gente. […]

Aunque algunas personas no le dan importancia a lo que tiene que ver con el proceso emulativo, por el carácter formal que tiene en muchos lugares, para nosotros sí tenía cierta importancia. Durante varios años consecutivos fuimos vanguardias nacionales. Creo que fue el único centro de ciencias sociales en el país vanguardia nacional durante varios años, y fue por el resultado integral de nuestro trabajo. […] Una muestra del grado de pertenencia que teníamos se expresó en que tuvimos que emigrar varias veces de lugar, hasta ocupar el sitio donde hoy radica el Centro. Nos mudábamos y eso no paralizaba la organización, eso no paralizaba el trabajo […]

…una etapa que resucito y rescato

Hubo un momento en que sentí que mi labor estaba hecha, ya estaba el resultado esperado, ya había una historia, una cultura, ya existía un grupode personas formadas, muy bien formadas, tanto científicamente como con potencialidades para dirigir y le pedí a la Dra. Rosa Elena Simeón que era el momento para que otra persona pasara por esa experiencia de dirigir el Centro. […]

Para mí, en el plano más personal fue una etapa que hoy, a la distancia de cien años, como diría Silvio, resucito y rescato. A la distancia de los años, puedo, con serenidad, con distanciamiento, evaluarla, y siento que fue una bellísima etapa de mi vida, que me permitió, sobre todo, experimentar lo que significa contribuir a crear algo bueno. No creo en el protagonismo de una persona. El Centro, una vez que se creó la estructura, se diseñaron los procesos, sus políticas, con sus valores cristalizados, caminaba solo. Era fácil dirigir una organización como esa, quiero decir a su interior, no me refiero a su relación con el entorno, que no siempre fue fácil, pero sentí que contribuí a crear una organización, que la vi surgir de la nada hasta convertirse en un centro, a mi modo de ver, de referencia para el país, en investigaciones sociales. Allí crecí como investigadora, aprendí a dirigir con mis aciertos y errores, como todo mortal, también establecí relaciones de afecto con personas muy valiosas, que aunque no las veo tan frecuentemente como quisiera, mis afectos hacia ellas son imperecederos y ellas saben quiénes son.

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