Autor: Douglas Calvo Gainza
Publicado en: espanol.buddhistdoor.net
La cárcel. Los campos de concentración. Los entornos de genocidio y tortura. Son los peores momentos en la vida de una persona, aquellos cuando se halla privada de toda libertad y esperanzas, sin apoyo ni calor familiares. Víctima perenne de la crueldad ajena, sintiéndose excluida de toda fraternidad humana.
Es lo más natural del mundo que muchos reos (como quienes se arrojaban contra las alambradas electrificadas en Auschwitz) opten por terminar voluntariamente ese calvario sin metas que es en lo que se ha convertido su maquinal deambular por los calabozos. Pero hay otras opciones. Y una, reluciente de sabiduría, es la de volverse a la Enseñanza del Buda.
Ha sido en la cárcel donde muchos individuos han encontrado la luz búdica. Sí: precisamente en esos momentos trágicos, cuando parecería que ya solo resta la alternativa del suicidio ante la total impotencia y sinsentido de una existencia inerme y sin derechos, vergonzosa y – peor aún – muchas veces castigada por causas radicalmente injustas…