
Tomado de: www.ipscuba.net
Foto: Tomada de la página de la Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe
En el patio del Museo Casa de África, en el corazón de La Habana Vieja, se presentó el Proyecto Diáspora Africana, un material didáctico de nueva pedagogía financiado por la Oficina Regional de la Unesco, que apuesta por el juego como herramienta de conocimiento, memoria y transformación social.
La escena no fue casual, ese espacio museístico, fundado en 1986 bajo el impulso intelectual de Miguel Barnet, ha sido uno de los principales centros de legitimación del legado africano en la cultura cubana.
Más de un centenar de activistas, investigadores, educadores y personalidades de la cultura se reunieron para conocer un proyecto que, en apariencia, propone cartas ilustradas, un tablero y dinámicas creativas; pero que en esencia cuestiona los modos tradicionales de enseñar la historia y la identidad nacional.
La presencia de Miguel Barnet en la presentación reforzó ese hilo de continuidad entre investigación antropológica, creación cultural y acción pedagógica. Desde obras como Biografía de un cimarrón, Barnet ha defendido la oralidad y la experiencia vivida como fuentes legítimas del conocimiento histórico. El Proyecto Diáspora Africana dialoga con esa tradición porque no impone un relato cerrado, sino que invita a descubrir, preguntar y reinterpretar.
Educar con nuevas narrativas
El objetivo central del proyecto es vincular la historia, la tradición y la cultura de África con la nación cubana a través del juego y la diversión, contribuyendo a una enseñanza libre de prejuicios y más acorde con los tiempos actuales.
“Integrar la historia general de África con estas nuevas narrativas caribeñas es una manera de reapropiarse de las raíces africanas y compartir un conocimiento que fue invisibilizado por mucho tiempo”. Resumió en la presentación Anne Lemaistre, directora de la Oficina Regional de la Unesco en Cuba.
En el caso cubano, esa invisibilización ha tenido formas específicas. Aunque el discurso oficial reconoce la contribución africana a la identidad nacional, en la práctica persisten brechas raciales en el acceso a oportunidades, en la representación simbólica y en la enseñanza de la historia.
La iniciativa responde a nuevas corrientes pedagógicas que reconocen el juego como espacio de socialización, negociación de sentidos y construcción de valores. En lugar de presentar África como un continente homogéneo o como un pasado distante, el proyecto apuesta por mostrar su diversidad, su dinamismo y su presencia viva en la cultura cubana.
Proyectos como Diáspora Africana inciden en estas desigualdades estructurales desde la formación temprana de imaginarios sociales.
Desafíos sociales en la Cuba contemporánea
Desde la década de 2010, investigaciones académicas y activismos comunitarios han visibilizado con mayor fuerza las brechas raciales en la isla. Informes del propio sistema de Naciones Unidas han señalado la necesidad de políticas públicas más focalizadas para enfrentar la discriminación racial. En este escenario, la propuesta pedagógica Diáspora Africana funciona como una micro intervención cultural que, aunque limitada en alcance, pueden tener efectos multiplicadores.
Proponer un material didáctico creativo, contextualizado y crítico es una forma de disputar esos imaginarios desde la educación formal y no formal.
El proyecto también dialoga con una juventud cada vez más expuesta a narrativas globales a través de las redes sociales, donde conviven discursos de reivindicación identitaria con estereotipos simplificados.
Sin embargo, el impacto real del proyecto dependerá de su sostenibilidad y de la capacitación de los docentes que lo implementen para que no quede como una experiencia aislada o simbólica.
Integrarlo de manera orgánica a los programas educativos y evaluarlo de forma sistemática será clave para medir su alcance transformador como una herramienta para desmontar prejuicios y construir una sociedad más consciente de su diversidad y su historia compartida.
Más allá de sus resultados inmediatos, el proyecto representa un gesto significativo en el campo cultural cubano, pues reconoce que la historia africana no es un apéndice, sino un eje constitutivo de la nación.
En tiempos de incertidumbre, apostar por una pedagogía que combine memoria, juego y pensamiento crítico es también una forma de imaginar futuros más inclusivos. (2025)